| Estrategias de afrontamiento |
Primaria Consistente en analizar si el hecho es positivo, neutro o negativo y, además, valorar las consecuencias presentes (daños o pérdidas) y/o futuras (amenaza futura) del mismo, y el grado de reto potencial.
En segundo lugar, se produce una valoración secundaria en la que el objeto de análisis son los recursos y las capacidades del organismo para afrontarlo (evaluación de los recursos y opciones de afrontamiento) y serán los que con más probabilidad susciten reacciones de estrés.
Lo que para una persona pudiera ser un obstáculo peligroso o insalvable, para otra pudiera ser parte de un ejercicio habitual (piense en las vallas de atletismo: mientras para una persona corriente sería todo un reto conseguir saltar una de ellas, el corredor de vallas simplemente “las pasa” pensando en rebajar su marca de 110 m/vallas) La muerte del cónyuge suele suponer un profundo golpe emocional, pero para algunos pocos resulta una bendición... En éstos casos, a los 30 días de la muerte del cónyuge, un 88 % de las personas que enviudan se sienten tristes, pero sólo un 35 % presenta una depresión diagnosticable con criterios operativos estrictos (Wortman y Silver, 1989) Según la teoría de Kübler-Ross (1969), las personas pasan por cinco fases cuando saben que van a morir: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pero las investigaciones realizadas al respecto han demostrado que, incluso para la propia muerte, hay mucha variación de persona a persona y que el apoyo empírico para la existencia de estas fases es muy endeble (Wortman y Silver, 1987 y 1989)
Influyen en la preferencia o en la elección de las estrategias de afrontamiento.
La personalidad determina un “estilo de afrontamiento”, y es un evidente determinante del afrontamiento (McCrae y Costa, 1986)
Las personas “buscadoras de sensaciones”, según la Escala de Búsqueda de Sensaciones, son individuos a los que no les importa tomar riesgos (hacer puenting, probar drogas, tener viajes de aventuras o vivir experiencias inusuales) y, por lo tanto, parecen tener una mayor tolerancia a la estimulación, el riesgo y los estresores que otras personas (Vazquez C., Crespo y Ring, 1992)
Una de las variables más importantes que modulan los efectos de un estresor potencial es la sensación de control sobre el mismo. Multitud de investigaciones experimentales con animales y humanos han demostrado que la pérdida de sensación de control constituye un elemento crucial etiológico de la depresión y otros trastornos emocionales. El modelo de depresión de la desesperanza o indefensión aprendida (ver La Depresión/Depresión reactiva) propone que inevitablemente se desarrollará un estado depresivo cuando una persona perciba que no dispone de ninguna estrategia, ni ahora ni el futuro, para cambiar una situación aversiva personal (Sanz y Vázquez, 1995; Seligman,1983), o cuando el individuo considera que absolutamente ningún modo de afrontamiento va a ser eficaz para controlar una situación negativa (Avía y Vázquez, 1998)
Consiste en una expectativa generalizada de que los resultados serán positivos. Las personas con una actitud optimista parecen manejar mejor los síntomas de enfermedades físicas como, por ejemplo, cáncer o cirugía cardíaca (Scheier y Carver, 1992) y esto parece deberse a que las estrategias de estas personas suelen estar centradas en el problema, la búsqueda de apoyo social y buscar el lado positivo de la experiencia estresante. Por el contrario, las personas pesimistas se caracterizan más por el empleo de la negación y el distanciamiento del estresor, centrándose más en los sentimientos negativos producidos por el estresor (Avía y Vázquez, 1998)
Aunque se han propuesto muchas otras variables psicológicas que pudieran afectar la eficacia del afrontamiento (sentido del humor, sensación de coherencia de la propia vida, inteligencia, no tomarse las cosas muy en serio, etc..) ninguna de ellas ha sido objeto de una investigación profunda. No obstante, parece cada vez emerger más claramente un patrón de personalidad proclive a la buena salud y caracterizado por el optimismo, sensación de control y capacidad de adaptación (Taylor, 1991) Algunos estudios (Lazarus y Folkman, 1986; Moos y Shaefer, 1993; Thoits, 1995) enfatizan que las habilidades sociales constituyen un recurso determinante del afrontamiento debido al papel de la actividad social en la adaptación humana. Para Lazarus y Folkman (1986) estas habilidades se refieren a la capacidad de comunicarse y actuar con otras personas, facilitando la resolución de los problemas en cooperación social.
Los factores del medio social juegan un importante rol (Moos y Shaefer, 1993) Lo cual es perfectamente lógico si se tiene en cuenta la influencia de la cultura y del marco legal en la mentalidad y conducta de los miembros de determinada sociedad.
Carver, Scheier y Weintraub (1989), por su parte, asumen que la preferencia en el uso de estrategias de afrontamiento se debe más bien a factores situacionales como el proceso de socialización. Dentro de una determinada sociedad hay, claro está, una amplia variabilidad en la forma de ser y actuar de sus miembros, y, en este caso, nos referimos a las personas que van a influenciar el desarrollo del niño, en especial los padres.
La naturaleza de la situación (suceso estresante) a afrontar (Billings y Moos, 1981; Lazarus y Folkman, 1986) y la actuación de otros factores estresantes simultáneos (por ejemplo, una relación difícil de pareja, dificultades económicas o enfermedades crónicas)
Disponibilidad de tiempo, educación, dinero, nivel (calidad) de vida, etc. Por ejemplo, tener dinero permite disponer de determinados recursos para afrontar una situación problemática, o puede amortiguar los potenciales efectos de un estresor (por ejemplo, ser despedido del trabajo)
El apoyo social hace referencia a sentirse querido, protegido y valorado por otras personas cercanas en quien poder confiar (pareja, familiares o amigos) No es tanto la red social “física”, o número de personas cercanas disponibles (los efectos del apoyo social parecen no ser acumulativos), como el apoyo percibido por parte de la persona (tener un amigo íntimo es mejor que tener muchos amigos o conocidos) y que el individuo sepa y esté dispuesto a extraer de modo efectivo el apoyo que necesita de otros (Dunkel-Schetter y cols., 1987) Los animales domésticos también pueden ser un elemento más de la red de apoyo (Culliton, 1987) Investigaciones con humanos y animales indican que la existencia de un apoyo social efectivo es un amortiguador del estrés (Barrera, 1988) y favorece la salud: - Disminuye la probabilidad general de presentar enfermedades: por ejemplo, herpes, infarto de miocardio, complicaciones durante el parto o trastornos psicológicos diversos, como episodios depresivos en personas vulnerables (Brown y Harris, 1978) - Acelera la recuperación y reduce las tasas de mortalidad, aunque aún no se conocen con exactitud los mecanismos psicobiológicos que operan estos cambios (House y cols., 1988) Por ejemplo, en un estudio longitudinal efectuado con 7000 residentes adultos de Oakland, condado de Alameda, California (Berkman y Syme, 1979), se demostró que una mayor tasa de contactos sociales estaba ligada a una mayor supervivencia, tras un seguimiento de 9 años, tanto en varones (2,3 años) como en mujeres (2,8 años), controlando la influencia de otros factores (nivel socioeconómico, salud autopercibida, o hábitos de salud) Las personas con niveles más bajos de apoyo social tenían una probabilidad de morir, durante ese período, casi tres veces superior a la de aquellos con una mayor vinculación social. Como recurso o estrategia de afrontamiento (por ejemplo, hablar con un familiar o amigo de un problema), es uno de los mecanismos que la gente valora como más eficaces para afrontar situaciones emocionales difíciles (Folkman y cols., 1986; Vázquez y Ring, 1992, 1996), siendo utilizado más por mujeres que por hombres (18 % frente a un 11 %, Stone y Neale, 1984) Aunque la mayor parte de la investigación se ha centrado en el problema (es decir, buscar consejo, información, vías de solución, etc.) no cabe duda de que este procedimiento también sirve como una importante fuente de apoyo emocional (alivio, empatía y ayuda física)
Una clasificación discrimina entre estilo de afrontamiento activo/pasivo-evitativo y adaptativo/desadaptativo (Carver, Scheier y Weintraub, 1989) Hay personas con un estilo confrontativo (activo, vigilante), que buscan información o actúan directamente ante cualquier problema, mientras que otras tienen una tendencia evitadora (pasiva, minimizadora) En general, el afrontamiento activo es adaptativo, y el evitativo es desadaptativo; sin embargo, hay situaciones en que la “actividad” es desadaptativa, o la “pasividad” adaptativa, según su efectividad ante determinada situación. El estilo confrontativo es más efectivo cuando existe un suceso amenazante que se repite, o persiste, a lo largo del tiempo (por ejemplo, solventar situaciones de tensión continua laboral), y es útil para anticipar planes de acción ante riesgos futuros, aunque puede que tenga un coste mayor en ansiedad. El estilo evitador puede ser más útil para sucesos amenazantes a corto plazo (por ejemplo, un robo con intimidación) No obstante, los estudios longitudinales señalan que, a la larga, el estilo evitativo suele ser ineficaz para manejar circunstancias vitales complicadas (Holahan y Moos, 1987)
A veces, el empleo de una estrategia de solución de problemas tiene por sí misma repercusiones favorables en la regulación emocional. Por ejemplo, si alguien presenta una denuncia por observar basura en su barrio, esto puede ser una estrategia eficaz para solucionar el problema y, a la vez, reducir su ira o malestar. Pero puede suceder lo contrario. Por ejemplo, una estrategia aparentemente eficaz para la regulación de la ira (por ejemplo, dar un grito a una persona), puede dejar el problema tal como estaba e incluso crear otros nuevos (por ejemplo, rechazo por parte de la otra persona) El uso de unas estrategias de afrontamiento u otras depende también de la naturaleza del estresor y las circunstancias en las que se produce. Las situaciones en las que se puede hacer algo constructivo favorecen estrategias focalizadas en la solución del problema, mientras que las situaciones en las que lo único que cabe es la aceptación favorecen el uso de estrategias focalizadas en las emociones (Forsythe y Compas, 1987) En general, un afrontamiento óptimo requiere la capacidad de usar, de forma flexible, múltiples estrategias.
Aquí les aporto una integración y descripción de las estrategias que se han ido proponiendo por éstos diversos estudios (en algún caso hay nombres diferentes para lo que se puede considerar la misma estrategia), más alguna propuesta personal, tomando como criterio de orden los dominios de afrontamiento cognitivo, afectivo y conductual, haciendo caso omiso (respecto al orden) de la calificación activo/pasivo-evitativo, por ser poco precisa (basada en un “voluntarismo”, o bien en problemas simples ajenos a la complejidad real de la vida), teniendo en cuenta que habría que calificar una estrategia de una u otra forma en función de su efectividad para afrontar una determinada situación o problema. Imaginen, por ejemplo, una partida de ajedrez donde se llega a una posición (situación) muy compleja, que requiere, para su comprensión, un análisis profundo de variantes. Imaginen que, no obstante, el jugador al que le toca mover (que no es Viswanathan Anand, el genio hindú de prodigiosa intuición, actual campeón del mundo), realiza su movimiento en pocos segundos, con fuerte convicción y gesto desafiante, tras lo cual levanta la mirada buscando la complicidad de algún espectador, esbozando media sonrisa. Ésta conducta podría calificarse de “activa” por una persona no entendida en ajedez (correspondería a un afrontamiento directo) Sin embargo, como pueden imaginar, la seguridad subjetiva y la impulsividad conductual, no tendría en éste caso un final feliz. Es fácil comprender, para un aficionado al ajedrez, que aquí la respuesta más activa era el análisis exhaustivo de variantes, que implicaría autocontrol emocional, postergación de la respuesta, planificación y anticipación.
“Cuando el cliente experimenta la actitud de aceptación que el terapeuta tiene hacia él, es capaz de asumir y experimentar esta misma actitud hacia sí mismo. Luego, cuando comienza a aceptarse, respetarse y amarse a sí mismo, es capaz de experimentar estas actitudes hacia los demás” (Carl Rogers) La actitud de aceptación (incondicional) implica una superación del amor condicionado (aceptación condicionada) de la infancia: “Te quiero si (a condición de que)...”. Ver en Lecturas La Aceptación
En otros casos, una expresión de humor (por ejemplo, un chiste) es una formación de compromiso (forma que adopta lo reprimido para ser admitido en lo consciente, a semejanza del síntoma, los lapsus o los sueños) en la que se satisfacen, a la vez, el deseo inconsciente y las exigencias defensivas. Respecto a algunas personas, usted podría tener como primera impresión la de una permanente amabilidad y felicidad, porque siempre están riendo, pero ya saben, las apariencias engañan: - Una especie de risa falsa al final de cada frase, puede tener el efecto psicológico subliminal de decir al oyente, "Estoy realmente atemorizado por los conflictos, así que, por favor, no tome en serio todo lo que digo, no sea que se ofenda y se encare conmigo". - La risa puede encubrir un impulso agresivo: “Vaya, casi le derramo el café encima (seguido de una risa)”. Esta persona podría tener mucho resentimiento residual desde la infancia, por la forma en que los padres lo (mal)trataron, por lo que causar ahora sufrimiento a alguien proporciona una satisfacción inconsciente por las injusticias sufridas de niño. Así pues, su risa revela la verdad: estaría inconscientemente encantado de derramar el café sobre usted.
La Metafísica esotérica es la ciencia que va “más allá de la Física”, y que se ocupa de “lo invisible y sin forma”. Se divide en 3 campos de estudio: Ontología, que estudia el Ser (“Yo Soy”), Teología, que estudia a Dios en manifestación (“Yo Soy el que Soy”), y Gnoseología, que estudia el conocimiento en sí mismo (“Yo sé lo que Soy”)
- "Lo siento muchísimo, perdóname, pero es que el autobús llegó tarde" (sobre todo si lo dice una persona muy habituada a llegar tarde)
Expresión de quejas o demandas repetidas de ayuda (referidas a síntomas físicos o psicológicos, o problemas de la vida diaria), seguidas por el rechazo a cualquier sugerencia, consejo u ofrecimiento de ayuda. - Un cliente potencial de psicoterapia realiza la primera sesión, que es gratuita, en la que se recrea ampliamente, centrado en sus problemas, y más allá del tiempo establecido para una sesión de encuadre. Al final de la sesión, le dice al psicólogo que “se tiene que pensar” si hacer psicoterapia, porque la consulta está bastante lejos de su casa, y, a lo mejor, lo "único" que tiene que hacer es “quererse más a sí mismo”.
Es curioso, aunque no sorprendente (por la fuerza expresiva de la palabra escrita, como queda demostrado por la efectividad de la Psicoterapia por Internet), que el uso de un diario, en el que se detallen por escrito las preocupaciones, mejora de manera significativa el funcionamiento inmunológico en diversas variables de los sujetos (Pennebaker y cols., 1988)
La retirada de la interacción con el mundo (retirada apática), en lugar de hacer frente a los problemas y retos con la adopción de acciones eficaces, es un componente clave de todas las adicciones. El sentimiento de falta de amor verdadero de los padres, lleva a recurrir (induce) a la autosatisfacción a través de sustancias (por ejemplo, drogas), conductas (por ejemplo, ludopatías), o el propio cuerpo (por ejemplo, adicción al sexo) con lo que se evita dar amor verdadero a otros.
La vida en sociedad a veces requiere que el individuo aplace la satisfacción de sus necesidades. Una persona puede estar convencida de que, para evitar males mayores, debe postergar, quizá indefinidamente, la expresión de una conducta (verbal, motriz, etc.) y, por tanto, la satisfacción de la necesidad percibida que subyace a la misma.
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| Last Updated on Tuesday, 28 September 2010 01:39 |
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