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La Psicopatía

Psicopatía

Disposición narcisista estable de insensibilidad emocional (falta de empatía), ausencia de culpa e impulsividad (no necesariamente violencia), centrada en el interés egoísta como fin (dinero, posesiones materiales, sexo, diversión, poder, estatus, fama, perfección de su imagen, explotación interpersonal), y la seducción, mentira y manipulación como medios.

Se origina en una forma extrema de apego evitativo, o en un apego desorganizado, con una severa carencia afectiva, e imposibilidad de formar vínculos afectivos adecuados en los 3 primeros años de vida. Se dan condiciones adversas tales como el maltrato (abuso) infantil, la pérdida de uno o los dos progenitores, el abandono (negligencia), vivir en internados, experiencias en reformatorios (prisiones), cambios de residencia frecuentes, psicopatía de los padres, padres alcohólicos o drogadictos. Si las condiciones son aparentemente normales, es común la actitud de los padres de atender las necesidades materiales (podrían ser niños consentidos), y ser deficientes en la atención afectiva.

Si estos niños, que han vivido estas carencias durante el período crítico de su desarrollo afectivo (la referencia etológica es la Impronta), son adoptados, es común de que sea demasiado tarde, y que su anormalidad emocional sea irreversible, haciendo estériles los esfuerzos y el sufrimiento de sus padres adoptivos. Si el origen de la psicopatía es la personalidad psicopática de los padres, la posibilidad de cambio de la personalidad es mayor que si el origen es el abandono, el maltrato, la pérdida, u otras circunstancias traumáticas.

La falta de conciencia de responsabilidad, y la irresponsabilidad conductual, asociadas a conductas antisociales y a la delicuencia, son características del psicópata clásico, y están condicionadas por un Superyó débil (permisivo) o por un Superyó psicopático (piense en un niño que nace en una familia de mafiosos, con su propio código moral). Existe también un psicópata con un Superyó fuerte (severo), que se expresa especialmente en el trabajo, y le hace ser muy responsable y exigente consigo mismo (atento, cuidadoso, ordenado, puntual). En ambos casos, sin embargo, su disposición emocional básica, su incapacidad para amar, y su egoísmo, le hacen entrar en conflicto con los demás, provocando sufrimiento en sus vínculos afectivos y relaciones sociales.

Siendo la disfunción afectiva, y no la conductual, definitoria de la Psicopatía, es incorrecta la asimilación de este trastorno con el Trastorno antisocial de la personalidad (Sociopatía), tal como se hace en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM), desde su 3ª edición; esta imprecisa categoría omite la psicopatía no delictiva (manipuladores que hacen sufrir, pero no incurren en delito; “psicópatas de cuello blanco”), y ni siquiera es exhaustiva para la psicopatía delictiva (criminal), puesto que hay delincuentes que cumplen los criterios de TAP y no son psicópatas.

Philippe Pinel (1745-1826, psiquiatra francés), considerado por algunos como el “padre de la psiquiatría moderna”, al promover una actitud más humana respecto al enfermo, y hacer una notable contribución a la clasificación de los trastornos mentales, consideraba la psicopatía como una forma de manía, sin déficit cognitivo, pero con un grave deterioro en la capacidad afectiva, lo que es definitorio de este trastorno.

La falta de ética es rasgo básico de los psicópatas; se rigen por códigos de conducta propios, que no coinciden con la moral social (son amorales y/o inmorales). Así, podrían sentir ira, o también culpabilidad, por no haber logrado o hecho aquello que exige su propio esquema de valores. Por ejemplo, un inquilino moroso, después de un año sin pagar, monta en cólera cuando es inminente el desalojo, y el propietario acaba de cobrar una ayuda de dos meses de alquiler, solicitada por él con la implícita intención de manipular (estipulada como única por los servicios sociales, la presenta como el “anticipo de una ayuda completa a su alquiler”): “Si llego a saber que me vas a denunciar, no cobras ni un céntimo”.

A pesar del generalizado sesgo (prejuicio) cognitivo de considerar la psicopatía como un trastorno concreto y sin gradación, que implica la idea de que una persona es psicópata, o no lo es, es más preciso considerarla como un rasgo de la personalidad, que, en su expresión alta, correspondería a la psicopatía; es la idea de la Escala de valoración de la Psicopatía de Robert Hare. Así mismo, la psicopatía no es una enfermedad (el psicópata no es un loco, razona perfectamente: no tiene alucinaciones ni delirios; tampoco es un neurótico que sufre por sus conflictos internos), sino una anormalidad mental con conciencia de los propios actos, pero incapacidad para vivirlos desde una afectividad normal.

Los psicópatas pueden establecer 3 tipos de vínculos con los demás: alianzas con otro psicópata por un interés común, relación con una víctima ocasional (robo, violación, asesinato, etc.), vínculo complementario con una víctima afectiva (dependiente emocional, masoquista, fóbico, etc.).

Los Mecanismos de defensa más asociados a la Psicopatía son: Actuación (Acting out), Desplazamiento, Disociación, Escisión, Identificación proyectiva, Negación, Omnipotencia, Proyección, Racionalización.

Andrzej Lobaczewski (1921-2008, psiquiatra polaco), creador de la Ponerología (“Estudio del mal”, del griego “ponerós”, malo, malvado) y autor del libro “Ponerología Política: Una ciencia de la naturaleza del mal adaptada a propósitos políticos”), explicó cómo los psicópatas influyen en la degradación social a través del poder, cuya máxima expresión política es la “Patocracia” (“Sistema de gobierno creado por una pequeña minoría patológica que toma el control de una sociedad de personas normales”; del griego “pathos ”, sufrimiento, y “kratos”, gobierno); un término que, a mi juicio, desmerece el inquietante e importantísimo contenido al que refiere; pienso que el término “Ponerocracia” sería adecuado, y que no distaría mucho al de Dictadura. Me pregunto si ha existido, y existe, alguna dictadura que no haya sido impuesta por un grupo de psicópatas, y/o individuos emocionalmente perturbados. En una Ponerocracia la sociedad entera adopta una moral totalitaria patológica, reflejo exacto de la moral personal de la élite política que ostenta el poder absoluto.

Vean dos trastornos que tienen un notable vínculo con la Psicopatía, y un concepto con sólo un cierto grado de afinidad:


Trastorno disocial de la personalidad

Los criterios diagnósticos en el DSM-5 son los siguientes:

A. Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, manifestándose por la presencia de tres (o más) de los siguientes criterios durante los últimos 12 meses y por lo menos de un criterio durante los últimos 6 meses:

Agresión a personas y animales

1) A menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros
2) A menudo inicia peleas físicas
3) Ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (por ejemplo, un bate, ladrillo, botella rota, navaja, pistola)
4) Ha manifestado crueldad física con personas
5) Ha manifestado crueldad física con animales
6) Ha robado enfrentándose a la víctima (por ejemplo, ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada)
7) Ha forzado a alguien a una actividad sexual

Destrucción de la propiedad

8) Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves
9) Ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar incendios)

Fraudulencia o robo

10) Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona
11) A menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (esto es, "tima" a otros)
12) Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (por ejemplo, robos en tiendas, pero sin allanamientos o destrozos; falsificaciones)

Violaciones graves de normas

13) A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad
14) Se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo período de tiempo)
15) Suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad

B. Deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral.

C. Con 18 años o más, se diagnostica trastorno disocial si no se cumplen los criterios de trastorno antisocial de la personalidad.

El inicio del trastorno disocial puede ser hacia los 5 o 6 años de edad, pero es más frecuente que sea al final de la infancia o principio de la adolescencia, y es excepcional después de los 16 años de edad. Normalmente el trastorno remite en la vida adulta, en especial si se inició en la adolescencia y tuvo síntomas poco marcados. Si el inicio es precoz, el pronóstico es peor, y es más probable que el trastorno persista o se convierta en un trastorno antisocial en la vida adulta.

La prevalencia media se sitúa, en menores de 18 años, en el 10% en los varones, y en el 5% en las mujeres. En la población general, la prevalencia general se sitúa alrededor del 2,5%.


Trastorno antisocial de la personalidad (Sociopatía)

Tienen gravemente menoscabada su capacidad para vincularse con los demás. Haciendo abstracción de factores socioculturales y de aprendizaje, es un factor clave la ruptura de vínculos afectivos en la infancia (pérdidas y separaciones) y la ira que genera en el bebé o niño. Podría darse el caso tambíen de una ruptura no física, donde haya una ausencia de vinculación emocional con los padres (padres ausentes, negligencia, maltrato). Esta desvinculación afectiva, y la impronta de ira que produce, determinarán la frialdad y agresividad hacia las demás personas.

Los criterios diagnósticos en el DSM-5 son los siguientes:

A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:

1) Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención
2) Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer
3) Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro
4) Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones
5) Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás
6) Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas
7) Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros

B. Tener 18 años o más

C. Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de los 15 años de edad

D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco

El trastorno antisocial se desarrolla de forma crónica, pero puede atenuarse o remitir con los años, sobre todo alrededor de la cuarta década de la vida.

La prevalencia total en la población general es alrededor del 3% en los varones y del 1% en las mujeres.


Misantropía

La misantropía es el odio al género humano, en cuanto a los rasgos generales o típicos que lo caracterizan (actitud mental opuesta a la filantropía, que es el amor al género humano), expresado habitualmente con la crítica social (menos frecuentemente con pulsiones agresivas o autodestructivas), aunque son posibles relaciones positivas con personas concretas.

Diógenes de Sinope (412-323 a.c., filósofo griego de la escuela cínica)

Desde su extrema austeridad y desorbitado narcisismo, sentía un odio tan profundo hacia la humanidad, que en cierta ocasión apareció a plena luz del día por las calles de Atenas, con un candil de aceite encendido en la mano (que le habían dejado en la tinaja en que vivía, y al que no había encontrado utilidad hasta el momento), vociferando repetidamente: “Busco un hombre” (honesto, un “verdadero hombre”). La gente lo seguía, y Diógenes iba apartando a los que se cruzaban en su camino, diciendo que solo tropezaba con escombros... Curiosa anécdota, porque Diógenes se vanagloriaba de haber sido cómplice del delito de su padre (de profesión banquero) de falsificar moneda (razón por la cual fueron desterrados de Sinope), y se dice que enseñaba que el robo era aceptable, porque “todas las cosas son propiedad del sabio”. En una ocasión, en un banquete donde había sido invitado por un hombre adinerado, habiendo sido advertido por él de que allí estaba prohibido escupir, Diógenes le escupió directamente a la cara, diciendo que no había encontrado otro sitio más sucio donde hacerlo. Se le atribuye la frase "Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro". Se le atribuye haber ideado el cosmopolitismo, porque afirmaba ser “ciudadano del mundo”, y no de una ciudad concreta. Podría pensarse, teniendo en cuenta su falta de respeto y compasión, así como su soberbia, que quizás el mayor de sus logros, como “sabio”, sea haber recibido el generoso reconocimiento del gran Epicteto, de ser modelo de sabiduría.

Arthur Schopenhauer (1788-1860, filósofo alemán)

Reconoce tres actitudes mentales que suponen una menor o mayor ausencia de deseo (expresión de la voluntad, y fuente de sufrimiento), y una huída del mundo a nivel mental (el suicidio es desaprobado por el filósofo - igual que lo hace el esoterismo, el misticismo o la religión -, ya que no supone una renuncia a la vida misma, sino a la vida personal): contemplación desinteresada de la obra de arte (fundamento de su estética), compasión (base de su ética) y autonegación del yo (a través de una vida ascética; ver Absorción).

Shopenhauer fue el primer gran filósofo que asoció el pensamiento occidental con el oriental, uno de los primeros en afirmarse ateo, y fue un enérgico defensor de los derechos animales: “La compasión hacia los animales está tan estrechamente ligada a la bondad de carácter que se puede afirmar, con seguridad, que quien es cruel con los animales no puede ser una buena persona”, “Ni el mundo es un artilugio para nuestro uso, ni los animales son un producto de fábrica para nuestra utilidad”, “El hombre ha hecho de la Tierra un infierno para los animales”. A pesar de esta actitud, tan definida y crítica, vivía en contradicción, puesto que él mismo comía carne, a pesar de lo cual admiraba a los vegetarianos de la India. Ya lo decía él mismo: “La existencia humana debe ser una especie de error”. Ver Insensibilidad moral

Friedrich Nietzsche (1844-1900, filósofo, poeta, músico y filólogo alemán)

Su desprecio hacia lo humano se expresa en su idea del “superhombre”: “Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos”, “¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa”.

Koko (1971-, gorila hembra nacida en San Francisco, California)

Fue adiestrada desde 1972 por Francine “Penny” Patterson (1947-, psicóloga estadounidense especializada en psicología animal), aprendiendo una forma modificada de la lengua de signos americana de sordomudos (GSL, lenguaje de signos del gorila). Su vocabulario es de más de 1000 palabras (signos), comprende unas 2000 palabras inglesas, es capaz de concebir nuevas palabras combinando signos (por ejemplo, “anillo”, combinando los signos de dedo y pulsera) y su cociente intelectual está entre 70 y 95 en la escala humana (90-110 es inteligencia media o normal). Koko presenta además características tan “humanas” como sentir emociones, el sentido del humor, o el juicio moral. Sería extremadamente interesante ver si Koko enseñaría la lengua de signos a su descendencia, y además Koko desea intensamente tener hijos; sin embargo, los esfuerzos realizados en este sentido han sido infructuosos hasta ahora.

Es “Humano, demasiado humano” aquello que motiva éste impactante mensaje al hombre expresado en el año 2015:

“Yo soy gorila... Yo soy flores, animales... Yo soy Naturaleza... Hombre Koko ama. Tierra Koko ama. Pero Hombre... Estúpido... ¡Estúpido! Koko lo siente... Koko llora. Tiempo ¡de prisa! ¡Reparen Tierra! ¡Ayuden Tierra! ¡De prisa!... Protejan Tierra... La Naturaleza está observando. Gracias”.

 
Evaluación y características de la Psicopatía (Escala de valoración de la Psicopatía de Robert Hare, 2003)

Se trata de una lista de 20 items, de rasgos percibidos de personalidad y conductas registradas, evaluados según el juicio clínico, sobre la base inicial de una entrevista semiestructurada al sujeto (se puede emplear unos 90-120 min), corroborando esta información con los antecedentes penales, informes periciales, actas de juicios, historial laboral, valoraciones de iguales, historial médico, historial escolar, etc. (revisión que puede llevar unos 60 min). La exhaustividad de esta escala hace que la podamos igualar a una exposición de las características de la Psicopatía.

Calificación: 0 (no se aplica), 1 (se aplica parcialmente) o 2 (se aplica totalmente); valoración que puede durar unos 15 min

1) Encanto superficial (seducción)

Tiene facilidad de palabra, es locuaz (habla mucho o demasiado), inteligente, desinhibido, divertido, seductor (adulador y educado, de forma afectada), y carece de timidez. Narra vivencias personales fantásticas (falsas o manipuladas), que engrandecen su ego, y aparenta conocimientos polifacéticos (por ejemplo, empleando palabras técnicas y jergas), que impresionan a la mayoría, siendo realmente superficiales.

2) Autovaloración grandiosa (narcisismo)

Se sobrevalora y se considera superior que los demás, mostrándose muy seguro de sí mismo, arrogante, obstinado y vanidoso; es fanfarrón (presume y alardea de lo que no es; por ejemplo, de ser valiente) y jactancioso (se alaba excesivamenet, aun de acciones criminales o vergonzosas). Es autocomplaciente (satisfecho, indulgente y poco crítico consigo mismo), nunca se considera un fracasado, y no expresa molestia o afectación por su situación vital (más bien tiene ideas omnipotentes de riqueza, estatus social, o profesional, que contrastan con su pasado y su presente); si las cosas no le van bien, se considera víctima de los demás (que tienen la culpa de lo que él hace, de sus problemas, o de que esté en la cárcel), del sistema judicial, o de la mala suerte.

3) Necesidad de estimulación (tendencia al aburrimiento)

Su búsqueda de sensaciones nuevas, excitantes o arriesgadas, es constante y excesiva; de ahí su predisposición inusual a aburrirse, si no las viven. Es frecuente que consuman drogas, especialmente estimulantes, como la cocaína o anfetaminas. Son vividores, que buscan “aprovechar el momento”, según el tópico carpe diem, con una ausencia de sentido trascendente en sus vidas. Siente un rechazo por las actividades rutinarias, no directamente relacionadas con un interés para él, por lo que su vida de estudiante o laboral suele ser caótica (normal es que no conserve un trabajo mucho tiempo).

4) Mentira patológica

La falsedad forma parte normal de su relación con los demás, mienten sin escrúpulos. Cuando son descubiertos, es raro que experimenten confusión o sientan vergüenza. En este caso, o bien alteran lo dicho o prometido, cambiando la versión de los hechos para que siga teniendo apariencia de verdad, o, si no es posible, podrían incluso reaccionar con indignación (y hasta con agresividad o violencia), alegando cualquier razón nimia o irrelevante, magnificándola como forma de atacar a su “agresor”. Confiar en ellos y ser decepcionados van de la mano; son personas que no tienen palabra, en las que no se puede confiar, aunque ellos no tengan dificultad alguna para dar su “palabra de honor”, o jurar lo que sea conveniente a sus intereses.

5) Manipulación

El sentido de mentir es manipular a los demás, basándose en su habilidad para percibir las necesidades del otro, y en la intención de lograr algún beneficio egoísta: dinero, posesiones materiales, sexo, diversión (placer), poder, estatus, fama, perfección de su imagen, explotación interpersonal (inquilinos morosos de talante amistoso). Actúa con cruel frialdad y sin compasión, “cosificando” a sus víctimas. La estafa, el soborno (cohecho), la extorsión, la coacción, el chantaje, las amenazas, o la defraudación (fraude fiscal), son delitos relacionados con la “psicopatía de guante blanco”, que se revela en el mundo de los negocios, de la mafia, o en la vida política; pero, en esencia, es la misma en todas las áreas de la sociedad, a diferente nivel o expresado de diferente manera. Debido a la rareza de consumar sus amenazas de suicidio (típicamente en vínculos sentimentales), hay que interpretarlas como otra forma de manipulación.

6) Ausencia de culpa (falta de remordimiento)

Si comete un delito, o realiza una acción cruel o carente de empatía, que produce sufrimiento en los demás, siempre encontrará razón para su comportamiento, atribuyendo la culpa a los demás, a la sociedad, o a las circunstancias; muchas veces despreciará a sus víctimas, considerando que se lo merecían. No se arrepiente de lo que hace (aunque lo verbalice por interés), no siente vergüenza, ni repara el daño causado, porque carece de empatía y de autocrítica; considerará además injusta su condena, o las consecuencias negativas (para él) de sus acciones.

7) Afecto superficial (incapacidad para amar)

Personalidad fría, de expresión emocional pobre, ausencia de nerviosismo y de inestabilidad emocional (neuroticismo). No expresa emociones intensas y, cuando parece que lo hace, uno puede percibir (en especial si uno lo conoce), que está actuando “como si sintiera”. Así, es incapaz de describir la vivencia de sus expresiones emocionales, manifestadas (para él), “de corazón”; si se le presiona a hacerlo, se despertará hostilidad en él.

8) Insensibilidad emocional (egocentrismo)

Carecen de empatía y de compasión hacia otras personas o seres vivos. Tratan a los demás como si de objetos se tratara. Su actitud emocional hacia ellos es de indiferencia o desprecio, no tienen tacto, y pueden ser crueles hasta el extremo. Ellos podrían acosar, humillar y agredir a personas que consideren inferiores, por alguna incapacidad o diferencia física o de personalidad, así como maltratar, torturar y matar animales para divertirse.

9) Estilo de vida parasitario (explotación interpersonal)

Utilizan egoístamente a los demás para beneficiarse y subsistir económicamente. Su dependencia económica es intencional, no algo puntual debido a las contrariedades de la vida. Es un parásito social, carece de motivación para ganarse responsablemente la vida, confía en la familia, amigos o conocidos, los cuales deben proveer aquello que necesita, y no se esfuerza seriamente en conseguir un trabajo estable. Igual puede aparentar la necesidad de un desvalido, moviendo hacia la compasión, pedirnos dinero o aval para un “negocio redondo” (el riesgo siempre será de los demás), explotar la debilidad de sus víctimas utilizando amenazas, beneficiarse de ayudas sociales destinadas a personas necesitadas, vivir cómodamente con una baja médica obtenida con falsedad, o estafar a una compañía de seguros creando o manipulando cualquier hecho.

10) Falta de control de impulsos

Pierde el control de sí mismo ante la frustración, el fracaso, la disciplina externa, el rechazo o la crítica (cólera narcisista). Suelen ser reacciones temperamentales de corta duración, con agresiones verbales (insultos y amenazas) y/o físicas, pasadas las cuales actúa como si nada anormal hubiera pasado; al día siguiente muestra una amnesia selectiva, haciendo “borrón y cuenta nueva”. Es frecuente la susceptibilidad (ofenderse con facilidad) e irascibilidad (mal genio), que sorprende si no se le conoce, y puede expresarse en situaciones perfectamente triviales. El consumo de alcohol facilita la desinhibición de estas tendencias.

11) Promiscuidad sexual (sexualidad impersonal)

Es sexualmente activo, interesado en el “sexo” en diferentes formas de expresión, carentes de contenido afectivo: aventuras sexuales esporádicas, experiencias homosexuales, simultanear parejas sexuales, tríos, orgías, prostitución. La elección de compañeros sexuales es más o menos indiscriminada, si tienen pareja es común el libertinaje (su concepto de la libertad, basada en su falta de empatía) y la infidelidad. Podría darse la hipersexualidad (ninfomanía en mujeres, satiriasis en hombres).

12) Problemas de conducta en la infancia

Manifestó conductas antisociales antes de los 13 años. Son prototípicos la mentira persistente, el robo, vandalismo, problemas en el colegio (expulsiones), acoso escolar, fugas del hogar, consumo de drogas, precocidad sexual, abuso sexual de hermanos menores, o la crueldad con los animales o hermanos. Véase Trastorno disocial de la personalidad

13) Falta de metas realistas a largo plazo

Necesita gratificaciones (beneficios) a corto plazo, lo que le incapacita para proponerse y realizar planes realistas centrados en el logro de un objetivo futuro. Tiene fantasías de omnipotencia, pero no puede explicar, de forma consistente, la forma en que conseguirá ser rico, poderoso o tener una carrera profesional destacada, ni tampoco se preocupa por realizarlo. Su vida se limita al aquí y ahora, e incluso en sus planes y metas a corto plazo, se muestra inconstante, modificándolos con frecuencia.

14) Impulsividad (no necesariamente violencia)

Es irreflexivo, imprudente, temerario e impredecible. Actúa por impulsos, espontáneamente, sin controlar su conducta, sin sopesar los pros y contras de sus decisiones actuales, ni prever la consecuencia futura de sus actos: podrá romper con su pareja y sus hijos, dejar el trabajo, o cambiar de residencia, como si se tratara de cualquier otra circunstancia común, y sin antes hablarlo con sus allegados.

15) Irresponsabilidad (nivel conductual)

Es habitual el incumplimiento de sus obligaciones, a nivel familiar, social, laboral, académico o legal; así como de los acuerdos y contratos que establece con los demás (se aprovechará de que ellos los cumplan); es habitual el impago de facturas de cualquier tipo, y su presencia en las listas de morosos (en España las dos más conocidas son la ASNEF y el RAI). Su egocentrismo podría situar a otros en riesgo (incluso a su propia familia): por ejemplo, la conducción temeraria (a gran velocidad y/o bajo los efectos del alcohol u otras drogas).

16) Falta de consciencia de responsabilidad (nivel psíquico)

Se muestran reacios, o rechazan, la responsabilidad de su propia conducta. Normalmente se defienden con racionalizaciones y atribuyendo la culpa a otras personas, a las empresas que le reclaman deudas, al sistema judicial, al Estado, o a la sociedad en su conjunto (defensa aloplástica, que explica que muchos de ellos no aprenden de la experiencia). La falta de autocrítica es tal, que incluso podrían percibirse como maestros espirituales, o como héroes incomprendidos en su tiempo ; se me viene a la cabeza la figura de Mario Conde (famoso banquero español, que es ejemplo de que “las cárceles están llenas de universitarios”, según decía mi padre, aunque en su caso llegó a ser Doctor Honoris Causa) o la de “El Solitario” (Jaime Giménez Arbe, el famoso atracador de bancos español, que, según su ideología, no robaba los bancos, sino que los expropiaba, cobrándoles un “impuesto revolucionario”). Se asocia a este rasgo su dificultad para aprender de la experiencia, ya que no se consideran culpables de lo que les pasa.

17) Múltiples vínculos sentimentales

En el caso de relaciones de pareja (con convivencia), éstas duraron normalmente menos de 1 año, descontando el tiempo en prisión o separaciones de larga duración

2 puntos si ≥ 3 relaciones y es <30 años, o ≥ 4 relaciones y es ≥ 30 años; 1 punto si 2 relaciones con <30 años, o 3 relaciones con ≥ 30 años; 0 puntos si el número es menor según la edad (Si ha tenido contínuas relaciones esporádicas, se puntuará con 2)

18) Delincuencia juvenil

Comportamientos antisociales entre los 13 y los 18 años, típicamente criminales, o claramente manipuladores, agresivos e insensibles. Ha tenido un contacto formal con el sistema judicial, ya sean denuncias, o delitos demostrados, aunque no hubiera encarcelamiento. Delitos mayores: agresiones graves, asesinato, robo, violación, etc; delitos menores: agresiones leves, hurtos, posesión de drogas, vandalismo, etc.

2 puntos si ≥ 1 delito mayor; 1 punto si ≥ 1 delito menor; 0 puntos si no hay delitos juveniles

19) Revocación (anulación) de la libertad condicional

Este item sólo se puntúa si alguna vez disfrutó de algún permiso penitenciario

2 puntos si ≥ 1 revocaciones o incumplimientos de las condiciones de libertad bajo fianza; 1 punto si ≥ 1 violaciones de las condiciones de libertad bajo fianza, que no resulten en revocación, o ≥ 1 incumplimientos menores de las obligaciones legales o judiciales; 0 puntos en otro caso

20) Versatilidad delictiva

A diferencia de otros delincuentes, es polifacético, y no suele especializarse en un tipo de delitos, sintiendo gran orgullo por sus logros. Considere las siguientes categorías para puntuar este item:

1) Hurto, posesión de instrumentos para robar, posesión de objetos robados, etc.
2) Robo, robo con armas, robo con violencia, extorsion, etc.
3) Delitos relacionados con la droga (posesion, trafico, etc.).
4) Agesión con lesiones graves, maltrato, etc.
5) Asesinato, intento de asesinato, homicidio intencionado, etc.
6) Posesion de armas y/o explosivos.
7) Delitos sexuales.
8) Negligencia criminal, incluyendo delitos graves de seguridad vial (conduccion temeraria, atropello y fuga, etc.).
9) Fraude, falsificacion, usurpacion de personalidad, etc.
10) Secuestro, detención ilegal, retención por la fuerza
11) Incendio intencionado
12) Obstruccion a la justicia, perjurio (juramento en falso)
13) Delitos menores: vandalismo, disturbios, daños o destrozos intencionados, delitos de seguridad vial (exceso de velocidad, conducir bajo efecto de drogas, conducción temeraria, conducir sin carnet, etc.)
14) Delitos contra el estado: traición, espionaje, contrabando, evasión de impuestos, etc.

2 puntos si ≥ 6 tipos de delitos; 1 punto si 4 o 5 tipos de delitos; 0 puntos si ≤ 3 tipos de delitos

Puntuación en Psicopatía (rasgo de personalidad):

< 9 Muy baja (< 5 es puntuación típica en personas normales)
9 a 16 Baja
17 a 24 Moderada (20 a 22 es una puntuación que pueden obtener muchos delincuentes no psicópatas, que en realidad tienen síntomas de Trastorno antisocial de la personaildad)
25 a 32 Alta (≥ 30 se diagnostica Psicopatía como trastorno)
33 a 40 Muy alta

Además de esta puntuación general, se obtienen puntuaciones en dos factores: Interpersonal/Afectivo (faceta interpersonal 1, 2, 4, 5 y afectiva 6, 7, 8, 16) y Desviación social (faceta estilo de vida 3, 9, 13, 14, 15 y antisocial 10, 12, 18, 19, 20); los items 11 y 17 no se incluyen en ningún factor.
Prevalencia

La psicopatía se da aproximadamente en un 1% de la población general (estimación de Robert Hare); según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), su prevalencia está entre el 0.2% y el 3.3%.


El Caso de Rotemburgo

No son pocos los casos de canibalismo, en la historia reciente. Uno de los más impactantes e increibles es el de Armin Meiwes y Bernd Jürgen Brandes. El primero, técnico de ordenadores, se convirtiría, a la edad de 39 años, en el “Canibal de Rotemburgo” (utilizaba en internet el apodo de “El Maestro Carnicero”); lo cual sólo fue posible porque una víctima voluntaria, Bernd Jürgen Brandes, ingeniero informático de Berlín de 43 años, se ofreció a ser comido. Es la primera vez que dos personas acuerdan ser víctima y verdugo. Fue un suceso que conmovió al mundo entero, y uno de los primeros casos, en la historia del crimen, de lo que se llama “Canibalismo por amor”. Los dos hombres, de condición homosexual, tenían en común una infancia traumática: la pérdida de su padre en el caso de Armin, y la pérdida de su madre en el caso de Bernd. Ambos vivieron también una marcada carencia afectiva con los progenitores que siguieron en sus vidas. Entre los dos protagonistas se estableció una relación afectiva, y ambos tenían fantasías sexuales extremas y complementarias: devorar y ser devorado. Su encuentro en internet supuso un auténtico flechazo, donde la expectativa común era muy clara: convertir en realidad sus fantasías. En éstas líneas no deseo centrarme en lo escabroso y repulsivo, que queda reflejado de una forma precisa y minuciosa en el magnífico vídeo Entrevista a un caníbal (“Documentos TV”, 2007, 53 min), donde el protagonista superviviente relata en primera persona todo el ritual caníbal, sino en la decisiva influencia de la infancia en la creación de dos personalidades dramáticamente complementarias: un psicópata sádico y un masoquista sexual extremo.

Bernd Jürgen Brandes, el "Canibalizado de Rotemburgo" (1957-2001)

Cuando tenía 5 años, su madre se quita la vida. Su padre se negaba a hablar de este dramático hecho, y su relación con él se deterioró por completo después de que Bernd le confesara que era homosexual. Aparentemente, Brandes llega a convertirse en un hombre de negocios con éxito; pero había otro lado en él: era un aventurero sexual. En 1995 conoce a Jimmy F., un antiguo chapero, en una de las estaciones de ferrocarril más transitadas de Berlín. “Quería sentir dolor, le gustaba sentir dolor, quería que yo le hiciera daño, especialmente en el pecho y los genitales. Pero lo que verdaderamente deseaba es que le arrancara el pene de un mordisco. Me dijo: Apoya la navaja contra él, y así lo hice. Se la acerqué. En ese momento se excitó tanto, que me dijo: Por favor, córtamelo, córtamelo”. Bernd Brandes quería ser sacrificado, y para que alguien quiera sacrificar algo, tiene que darle mucho valor. Para él era el sacrificio de sus genitales, de su cuerpo, y este deseo se había convertido en algo tan relevante en sus fantasías, que ya no se conformaba sólo con imaginarlo. “El señor Brandes me ofreció cierta cantidad de dinero, del orden de los 10000 marcos (unos 5000 €), o incluso más. Me ofreció todo su equipo informático, su coche, todo lo que había en su piso, si le arrancaba de un mordisco, o le cortaba, sus genitales. Me dijo: Tio, dime una cantidad, o dime lo que quieres, y te lo daré”. Brandes se convierte en la víctima ideal de un caníbal: alguien cuyas fantasías iban a dar el perfecto contrapunto a las fantasías de Meiwes. Y aunque Brandes era un hombre que no tenía claro lo que quería, sí estaba seguro de una cosa: el deseo de que le infligieran dolor. Quería experimentar un dolor que fuera tan fuerte como para matarle, quería destruirse a sí mismo.

Habla Armin Meiwes, enseñando una foto grande de su víctima: “Bernd Brandes. Yo había contestado un anuncio que él había puesto en internet. La palabra que me atrajo era “cena”, o “tu cena”. Y el texto decía: Tu cena; te ofrezco la oportunidad de comerme vivo. Quien realmente quiere hacerlo, necesita una víctima auténtica. “Estuvimos enviándonos correos electrónicos, y chateando por internet desde enero; habíamos hablado con detalle de lo que iba a suceder. Brand tenía unas ideas muy extrañas, y pautas sobre cómo había planeado su final”. En cuanto a los motivos que llevaron a la víctima a ofrecerse, Armin manifestó que no entendía el sentimiento de felicidad que Bernd experimentaba: "Me dijo que desde niño deseaba ser descuartizado e ingerido". En el juicio quedó claro que Bernd esperaba y deseaba morir de esta manera.

Bernd había dejado testamento, cediendo todas sus posesiones, incluyendo su apartamento, a su novio René, con el que vivía. Pidió un día libre en el trabajo. El 9 de marzo de 2001, a las 8:44, de la mañana, tomó un tren en Berlin. Poco después Armin salío de su casa de Rotemburgo para recogerle en la estación de Kassel. “El tren llegó a las 11:14 min creo. Cuando bajó del tren, yo estaba nervioso y excitado. Sí, habíamos mantenido relaciones sexuales porque él quería, pero él no disfrutaba del sexo. Él dijo: No puedes hacerlo, eres demasiado débil, no puedes infligirme el tipo de dolor que yo quiero. Él quería experimentar el éxtasis máximo, y para él eso consistía en ser devorado vivo. Para él esa era la mayor felicidad. Mi amigó disfrutó muriendo, su muerte. Yo sólo esperé horrorizado que acabara después de haber cometido el hecho. Fue terriblemente largo”. Brandes quería experimentar el orgasmo supremo, un orgasmo sexual, quería destruir su propio cuerpo, deseaba que le cortaran el pene y que le mataran.

Armin Meiwes, el "Caníbal de Rotemburgo" (1961-)

Vivió con sus padres y dos hermanastros en Essen, pero la mayor parte de los fines de semana y las vacaciones escolares los pasaba en la casa de Rotemburgo (una mansión con 36 habitaciones, que los amigos de Armin llamaban “la casa de los espíritus”). Le encantaban los animales y encontraba idílica la vida en el campo. Una parte de la explicación del por qué su psicopatía se expresó en el canibalismo, puede ser el hecho de que Armin vivió rodeado de animales en la casa de campo de la familia. Animales respecto a los cuales su mente aunó afecto, sacrificio y placer, puesto que presenció numerosas matanzas, seguidas de banquetes familiares; con el tiempo, él se hizo protagonista, y se aficionó a matar animales para después comerlos. Cuando era pequeño, le fascinaba que su madre le leyera “Hansel y Gretel”, el cuento de un niño y una niña que son atrapados en casa de una bruja que prepara al niño para comérselo: “El trozo en el que Hansel iba a ser comido era interesante”, “No puedes ni imaginar la cantidad de Hansels que hay en Internet” (Meiwes en la entrevista).

Pero cuando sólo tenía 8 años, esta idílica vida saltó por los aires. Fue a finales del verano de 1969. Meiwes jugaba con los niños de la vecindad, cuando oyó que su padre se marchaba en el coche. “Lo peor fue el momento en el que mi padre abandonó a nuestra familia; simplemente cogió el coche y se marchó. Yo corrí detrás del coche queriendo detenerle, grité, pero él se limitó a seguir su camino. Ni siquiera miró por el espejo retrovisor. Para mi esta fue una experiencia muy traumática”. Sus dos hermanastros también se marcharon de casa poco tiempo después. Meiwes echaba mucho de menos a los tres, desesperadamente. “Yo era ahora el único hombre de la casa, y me sentía responsable de las dos casas y de mi madre. Este peso que yo mismo me eché a la espalda fue muy duro de soportar; yo quería compartirlo con un hermano más pequeño, siempre he deseado tener un hermano más pequeño, porque yo quería compartir con él el cariño y el afecto que mi hermano mayor me había mostrado”. Pero con una madre que ya tenía 50 años, sabía que ésto era imposible. Después de 3 matrimonios fracasados, no tenía el menor deseo de tener otra relación; con lo cual, tuvo que quedarse a cargo de su madre. “Mi madre se volvió sobre sí misma completamente, tal vez pensaba que si empezaba otra relación, volvería a ser abandonada de nuevo”. Cuando su padre se marchó, también vació las cuentas bancarias, y para Waltraud Meiwes la lucha fue tanto de carácter económico como emocional. “Ella solía llorar, y no sabía cómo íbamos a salir adelante”.

Waltraud Meiwes no hablaba practicamente con nadie en el pueblo, vivía en esa casa encerrada las 24 horas del día (dice un amigo de la infancia). Se creó una vida de fantasía: se veía a sí misma como la señora de la mansión, y veía a su hijo Armin como su paje, se vestían con ropas medievales y decoraban cada una de las 36 habitaciones de la casa; para invitados que rara vez acudían. Era una mujer muy dominante, controladora, a la vez que dependiente de su hijo. Y Meiwes era el tipo de hombre que se dejaba controlar por su madre. Le presionaba, y Meiwis hacía lo que ella quería (experto). “Ella quería lo mejor para su hijo, pero de alguna manera también gobernaba su vida. Ella quería que el hiciera realidad los sueños de ella.” (vecina amiga de Meiwes, que le dejaba sus hijos para cuidarlos, y que dice que lo volvería hacer si él saliera de la cárcel). Un antiguo compañero de colegio describió a la madre como una mujer dominante que le regañaba en público. Otro testigo dijo que se dirigía a su hijo “como un sargento instructor”. Ya de adulto, su madre controlaba su vida y le acompañaba en las pocas citas que tuvo. Incluso se autoinvitó en las salidas de Meiwes con la tropa en el ejército alemán. Cuando Meiwes tenía 20 años, la madre pegó un cartel en la puerta de su habitación que decía: “Kinderzimmer” (habitación del niño). Vivió con ella hasta que murió en 1999, y Armin no quitó el cartel de su habitación.

Armin Meiwes contó que de niño tuvo que inventarse un hermano imaginario, que siempre le escuchaba. Y confesó que el motivo para matar a su víctima nació del deseo de tener el hermano menor que nunca tuvo: “Alguien que formara parte de mi”, un hermano que iba a estar siempre junto a él. Cuando alcanzó la pubertad, estos sentimientos adquirieron connotaciones sexuales, y el hermano imaginario se convirtió por primera vez en un objeto de deseo: su primera fantasía homosexual. “La fantasía siguió evolucionando, y a lo largo de los años, se le añadirían varios componentes más. Los chicos siempre eran personas que yo encontraba atractivas, y a los que imaginaba como mi hermano”. “Y después pensé que, si iban a convertirse en una parte de mi, tendría que comerles”. Armin siempre fue un chico muy solitario. Cuando llegó a la pubertad, experimentó los mismos enamoramientos que los demás chicos, pero para él era difícil establecer relaciones; y estos enamoramientos evolucionaron en algo diferente: el deseo de comer a alguien para que siempre estuviera con él; por ejemplo, fantaseaba con la idea de comerse a sus compañeros de colegio. Así esperaba que su soledad desapareciera. Sin embargo, nunca trató de obligar a alguien a convertirse en el objeto de su fantasía: “Tendría que establecer voluntariamente este contacto íntimo, no podía ser de otra manera; tenía que sacrificar practicamente su vida, para poder seguir viviendo dentro de mi; bueno, así es como yo lo veía”. “Armin eligió una forma muy especializada de fetichismo (un tipo de parafilia): el deseo de vinculación y bienestar, se alcanza a través del contacto con el fetiche. En el caso de Armin Mewes, el fetiche es la carne masculina; la carne de una persona a la que conoce y quiere, y que voluntariamente quiere ser comida por él.” (psiquiatra en la entrevista). Cuando era adolescente tenía amistad tanto con chicas como con chicos, pero nunca pudo librarse de su insuperable fantasía: matar y comer a un chico. Era algo que amenazaba con poder con él.

Mientras estuvo en el ejército, liberado de su madre, sus fantasías pasaron a un segundo plano, y se sentía con tanta confianza que fue incluso capaz de inscribirse en una agencia matrimonial, que le puso en contacto con una mujer llamada Petra. Los dos empezaron una relación, y según él llegaron incluso a comprometerse. Pero aquello no duró. “Por una parte, yo quería estar con alguien, pero nunca encontré a la mujer adecuada. Cuando rompí el compromiso, me dije a mi mismo: se acabó, no quiero más de esto”. Incluso como adulto, para Meiwes fue difícil escapar de la dominante influencia de su madre. “Ella tenía una de esas casas enormes, y soñaba con llenarla de gente, de vida, soñaba con tener una gran familia. Probablemente también tenía cierta idea de cómo tenia que ser su nuera. Las veces que Meiwes trajo una mujer a casa, siempre me decía: Mi madre siempre encuentra un defecto en cada una de ellas.” (vecina amiga de Meiwes). A pesar de sus grandes esfuerzos por convertirse en un soldado profesional, no llegó a tener éxito. Meiwes abandonó el ejército al cabo de 12 años y regresó a casa; a su madre.

Su madre nunca se recuperó del todo de un grave accidente de automóvil que sufrió en 1996, y Meiwes se hizo responsable de su cuidado. “Apenas salía de la habitación, cuando ya empezaba a llamarme y a dar golpes con las muletas; cada 5 minutos quería algo: quería té, quería sopa, o quería cualquier cosa; era horrible”. 3 años más tarde, ella murió. “Tuvo un infarto en medio de la noche, y el día anterior se había quejado de un dolor en un brazo. No me lo tomé muy en serio. Creo que le di una aspirina. Le llevé el desayuno como siempre y creo que le pregunté si quería ir al médico. No, me dijo, estoy bien. Así que me fui al trabajo como siempre; ni me imaginaba lo que iba a pasar”.

De alguna manera fue un alivio. Libre de las obligaciones de cuidar de su madre, y de ser como ella quería que fuese, podía hacer ahora lo que quisiera. Pero eso también significaba que era libre de satisfacer los deseos de su lado más oscuro; un lado que apenas se había dado a conocer ni siquiera a sí mismo durante un montón de años. Al morir su madre, desapareció la última persona que, de alguna manera, le controlaba. Así que estaba solo en esa enorme casa, y en consecuencia estaba absolutamente fuera de control. Navegaba todas las noches por internet, y a través de internet estableció contacto directo con más de 400 personas, bien caníbales, bien posibles víctimas. “Tras la muerte de mi madre, yo había indagado en páginas web que tenían que ver con la muerte; y en esa época, en cierta manera por casualidad, había entrado en sitios web sobre canibalismo, en salas de chat sobre canibalismo. Las estudié a fondo y creia que eran pura fantasía, pero no se pueden ni imaginar la cantidad de anuncios que había, había gente que se ofrecía para ser comida; gente que buscaba a otras personas que quisieran comerles”.

El 10 de marzo de 2001, a sus 39 años, consigue vivir su sueño: “Tenía esa fantasía, y finalmente la satisfice. La fantasía nació cuando tenía 12 años”.

“Aproximadamente a las 2 y media de la madrugada oi un golpe en la planta de arriba; se había caido junto a la cama. Después intentó levantarse y se cayó de nuevo. Y esta vez ya no recobró la consciencia. Tuve muchas dudas durante mucho tiempo. Recé, e incluso le besé en la boca. Luego cogí el cuchillo, como se puede ver en el vídeo. Cogí el cuchillo y lo dejé a un lado. Recé, en ese momento no sabía qué hacer. Me pregunté a mi mismo si debía rezar al Diablo o a Dios. Y le pedi a Dios que me perdonara. Luego cogí el cuchillo, lo cogí con fuerza, y después de dudar un poco más, le corté la garganta”. Cuando Meiwes hablaba del acto de matar, era difícil para él hablar del tema. Yo creo que eso no formaba parte de su deseo, el hecho de matar a alguien. Fue difícil para él utilizar el cuchillo y matar a otra persona. Cuando hablaba sobre la muerte y la preparación de la carne, lo hacía con mucha naturalidad (entrevistador): "Créanme, quería comérmelo, pero no quería matarlo" (Meiwes, en dos cartas de pésame a familiares de su víctima). "El deseo de descuartizar y comerse a otra persona era el único motivo inspirador del acto" (El fiscal Marcus Köhler en su alegato), "Para finalizar, quiero decir que no he matado a más personas, pero lo hubiera hecho si se hubiera presentado la oportunidad" (Meiwes, en el protocolo de un interrogatorio policial leído ante el tribunal). Meiwes sabía exactamente lo que tenía que hacer: había encontrado sitios en la web sobre cómo matar a un ser humano, y había estado preparandose para este momento durante la mayor parte de su vida.

"Es un sentimiento genial dominar a otro y cortarlo en porciones" (Meiwes, en un escrito a un conocido, leído ante el tribunal), “La idea de cortar un cuerpo humano me excitaba sexualmente”, “Durante el acto sentí odio, rabia y felicidad a la vez; toda mi vida había deseado esto”. “Maté a un hombre, lo descuarticé y lo comí; desde entonces siempre lo llevo dentro de mi. Preparé la cena como si fuera una ocasión especial, y decoré la mesa con unas velas muy bonitas y con mi mejor vajilla. Freí un trozo de carne, un trozo sacado de la espalda, lo hice con lo que se llama patatas princesa y coles de bruselas. Después de preparar mi cena me la comí. El primer mordisco fue, por supuesto, algo extraño; fue una sensación que realmente no puedo describir. Había pasado más de 40 años, o 30 años, deseando que llegara este momento, soñando con ello, y ahora tenía la sensación de que realmente estaba logrando tener una conexión íntima con él a través de su carne. La carne sabe como a la de cerdo, pero algo más fuerte, es un poco más sustanciosa, aunque no creo que otros notaran la diferencia si la comieran. Sabía realmente bien”. Armin vivía el acto de comer a su víctima como una íntima comunión con Brandes. Ver Incorporación
Fíjense en la vivencia de Meiwes tomando como referencia el significado de la Comunión (eucaristía) cristiana: el sacramento (acto mediante el cual el creyente exterioriza su relación con Dios) en que se realiza, por medio de la consagración (hacer sagrado), la conversión de las sustancias del pan (hostia) y del vino, en el cuerpo y sangre de Jesucristo (transubstanciación); la doctrina de la transubstanciación se basa en la interpretación literal de las palabras que Cristo pronunció en la última cena (“Tomad y comed, esto es mi cuerpo”, “Tomad y bebed, esto es mi sangre"; Mateo 26: 26-28, Marcos 14: 22-24, Lucas 22: 19-20), que implica, más allá de lo simbólico, la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino.

Meiwes fue imprudente. Durante los siguientes meses, continuó navegando por la web; estaba deseando entrar en contacto con otra víctima voluntaria. Seguía fantaseando sobre la posibilidad de comer a un hombre. Un hombre al que conociera y que le importara. Cuando un joven estudiante austríaco le mandó un correo electrónico, preguntando a cuantos chicos había matado, Meiwes le respondió: “Digamos, simplemente, que tengo experiencia; de todos modos, no serías el primero. El estudiante lo denunció a la policía. Meiwes había satisfecho su fantasía, pero esto no era suficiente. Los meses siguientes los pasó buscando nuevas víctimas. Necesitaba carne joven y fresca. “Se me está acabando la carne” afirmó en un foro.

Los investigadores calcularon que Armin, después de descuartizar y guardar el cuerpo de Brandes en bolsas de plástico, consumió unos 20 kilos de carne humana a lo largo de unos meses.

Debido a la naturaleza consensuada del crimen, Meiwes fue condenado por homicidio a cumplir 8 años y medio de cárcel (30-01-2004). Sin embargo, tras una apelación por parte de la fiscalía, y un nuevo juicio, fue hayado culpable de asesinato, y condenado a cadena perpetua (09-05-2006). A pesar de que la grabación del vídeo tenía, en parte, una finalidad absolutoria (de hecho quedó claro en el juicio que Bernd esperaba y deseaba morir de esta manera), fue la prueba fundamental para el argumento fiscal, demostrando que Brandes seguía vivo cuando Meiwes le cortó el cuello, y que su móvil fue la satisfacción sexual. La crueldad de las imágenes es tan grande, que sólo se le pudo mostrar al jurado 19 min de las 4 horas que duraba. Muchas de las personas que vieron el vídeo enfermaron, y tuvieron que hacer terapia.

La Policía estima que hay unas 10000 personas sólo en Alemania que comparten la fascinación de Meiwes por el canibalismo. Wolfgang Buch, de la policía de investigación criminal declaró ante los magistrados que hasta ahora se han encontrado los mensajes de 204 personas dirigidos al caníbal Armin Meiwes, consintiendo ser devorados. “ Ahí afuera hay cientos y miles de personas que buscan y quieren ser comidas". (Meiwes al iniciarse el juicio, en referencia al alcance de la escena canibalista en Internet). Meiwes considera que hay alrededor de 800 caníbales en Alemania. Cuando el caso salió a la luz pública comenzaron a aparecer portales dedicados a Meiwes, con personas anunciándose como víctimas participativas para dejarse matar y comer.

“Hoy sé que lo que hice está mal, que esto nunca puede ser el camino correcto. Los deseos, las fantasías que uno tiene, nunca pueden llegar a hacerse realidad. Y que todo lo que uno sueña, sólo seguirá siendo un sueño. Siempre pensé que eso que yo hice, incluso después de haberlo hecho, podría llegar a ser algo más que sólo un sueño. Hoy sé que eso no puede ser”.

El caso de Rotemburgo inspiró la canción “Mein teil” (“Mi parte”), del grupo de metal industrial alemán Rammstein), el álbum “Eat me, Drink me” (“Cómeme, bébeme”), de Marilyn Manson, y la película "El caníbal de Rotemburgo” (Rohtenburg, Grimm Love Story, 2006), de Martin Weisz. La película fue vetada en Alemania por infringir los derechos personales de Meiwes, pero se proyectó en festivales internacionales, y en el Festival de Cine de Sitges de 2006 ganó 4 premios (director, actores protagonistas masculinos y fotografía).